Hace más de 20 años unos cuantos periodistas se juntaron en Granada con una gente extraña que se llamaban a sí mismos blogueros. Las jornadas se llamaban Blogs y Medios, como si fueran dos mundos separados que había que reconciliar. Más que nada porque aquellos periodistas decían que los blogueros no eran periodistas sino «otra cosa diferente», que es un eufemismo que significa «otra cosa peor».
Veinte años después, algunos de esos blogueros son directores de medios de comunicación con millones de lectores y cientos de miles de suscriptores, pero aún seguimos discutiendo sobre quién es y quién no es un periodista. Mientras tanto, la gente se informa.
Algo bueno ha salido de estas dos décadas de marear la perdiz, y es que, ayer, este Festival de Periodismo de Granada, representado por Javier Barrera, Sonia Blanco y Victoria Cabrera, firmó con la alcaldesa, Marifrán Carazo, su adhesión a la Candidatura oficial de Granada para ser Capital Cultural Europea 2031.
Esto es una gran noticia porque periodistas, blogueros, influencers, youtubers y otras especies nos podremos juntar de nuevo aquí para seguir, bueno, mareando la perdiz. También, porque, como se dice en las relaciones que no funcionan bien, tenemos que hablar.
Dice Sindo Lafuente que los periodistas «perdimos el modelo de negocio, pero ahora hemos perdido la influencia, la sociedad podría seguir adelante sin nosotros» ¿De quién es la culpa? Hace años decía el inmarcesible periodista Pepe Cervera «no quiero culpables, quiero soluciones, pero que me las traigan sobre las tripas del culpable».
«Es inevitable fustigarnos», ha dicho Pepa Bueno. «Algo hemos hecho mal, sobre todo las empresas de medios, pero también los periodistas. La crisis ha traído una ruptura del contrato social, una traición a la clase media que rompe la confianza con los intermediarios, con los políticos, y también los periodistas».

Darío Pescador y Javier Barrera, dieron las conclusiones del Festival
Una pérdida de confianza que parece, a primera vista, merecida. «Hay periodistas que se dedican a la extorsión», según una declaración a puerta cerrada y sin micrófonos de Sindo Lafuente. Medios que dicen, como en las películas de gansgters, «su reputación parece muy inflamable, sería una pena que hubiera un accidente».
Pero es que cuando la pobreza entra por la puerta, la independencia salta por la ventana. La directora adjunta de eldiario.es, Neus Tomás, ha dicho que “en nuestro oficio nos tenemos que dedicar a explicar qué pasa, no qué nos gustaría que pasase, pero eso es difícil y caro. Por eso hay tertulias y tertulianos, que, por cierto, a veces tienen contratos con empresas o partidos políticos».
En esta crisis de negocio, los medios perdieron su corazón porque cayeron en manos de los gerentes, y solo se hablaba de dinero. Pero ha llegado el momento de hablar de la confianza.
Tanto Pepa Bueno como Neus Tomás usan una palabra que no es objetividad, sino honestidad. En un mundo en el que los algoritmos de las redes sociales normalizan la mentira, es difícil saber qué es la verdad. Sobre todo porque, cuando elegimos contar una parte de la realidad, y no otra, aunque sea de forma honesta, ya estamos introduciendo una opinión.
Ya que estamos echando culpas, vamos a echársela a la audiencia también. «Hay personas que eligen estar desinformadas, dicen ‘no me importa que no sea cierto’», ha dicho Sonia Blanco. Los jóvenes, y no tanto, prefieren ver vídeos de influencers y agitadores, fakes creados con inteligencia artificial.
Esta desconexión entre el periodismo y la audiencia es especialmente evidente en los jóvenes (y no tanto), que están votando con sus ojos y sus oídos. «Estamos haciendo periodismo del siglo XIX para gente que se informa a golpe de móvil, la esperanza es que sepamos hacerlo mejor que la IA», ha dicho Magdalena Trillo.
Se habla de alfabetización mediática para las audiencias, pero como se ha repetido en este encuentro, la verdadera alfabetización es, simplemente, saber quién te está suministrando esa información, y quién hay detrás pagando por ella.
Pero todo esto no quiere decir que no se haga periodismo en otros lados. Según David Jiménez, «ahora mismo hay en YouTube mucha más gente haciendo periodismo de calidad que muchos de los de la vieja guardia que se ponen la etiqueta».
Estamos entrando en la era de las personas, se llamen o no periodistas, que son capaces de contar una historia y hacer que miles o millones confíen en que esa es la historia verdadera. «Si tú lo que haces es ir a contar historias reales y no lo falseas, estás haciendo periodismo», ha dicho el popular youtuber Carles Tamayo. Esto incluye, a veces, incomodar a tu propia audiencia.
El poder prefiere no someterse al escrutinio. Pero el consenso tácito entre los grandes medios de lo que es noticia y su jerarquía también es un poder, y es responsabilidad del periodista enfrentarse a ese poder. Gumersindo Lafuente nos recuerda que los dueños de los algoritmos, se sientan en la mesa del poder político, que hoy está dominada por gente como el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump.
«La democracia ha dejado de ser útil a los dueños del poder económico y, como controlan los canales, encierran a la gente en burbujas de confort ideológico», explica Pepa Bueno. Si la única función del periodista es transmitir la ideología de un poder político o económico, una inteligencia artificial puede hacerlo mucho mejor. Como dice Pepa Bueno, «si solo servimos a las burbujas ideológicas de las redes sociales, ¿para qué servimos?».
Hay esperanza. La gente que viene detrás está pensando y encontrará la manera, como siempre ocurre con la humanidad, de salir de este lío. Sigue existiendo una necesidad de informarse y de poder confiar en quien emite la información. Para eso hace falta practicar algo llamado periodismo, aunque ya no hagan falta medios.