La mesa sobre cómo se conforma la realidad de las personas jóvenes, celebrada con el apoyo de Oxfam Intermón, coincidió en tres ideas. “La juventud” no es un bloque. La utilidad, la autenticidad y el humor abren puertas que el viejo formato ya no abre. Y la credibilidad sigue siendo lo único que no se puede perder.
¿Quién influye más en nuestra manera de entender el mundo: un periodista, un creador de contenidos, un algoritmo o alguien que nos hace reír? Con esa pregunta abrió Edurne Rubio, responsable de Public Engagement de Oxfam Intermón, la penúltima mesa de la tarde del viernes en el II Festival de Periodismo de Granada. La acompañaban:
- Diego Fabiano, coordinador de guion de La Revuelta (TVE) y antes de La Resistencia (Movistar Plus+).
- Marina Enrich, presentadora de WATIF TV, un programa sobre actualidad y tendencias, y responsable de la estrategia digital de este nuevo medio.
- Fermín Elizari, director de Nuevas Audiencias de PRISA. Allí ha puesto en marcha un proyecto liderado por creadores de contenido para informar y entretener a la Generación Z, que acaba de cumplir su primer año.
- Celia Montalbán, directora de programación de DollHouse, productora de formatos como La Pija y la Quinqui o El Sótano.
El punto de partida fue un dato del Digital News Report 2026 que citó la moderadora: el 52 % de los jóvenes de entre 18 y 24 años se informa a través de redes sociales, plataformas de vídeo y herramientas de inteligencia artificial. “Hoy podemos enterarnos de un conflicto por TikTok, de una votación sobre vivienda por un meme o empezar a interesarnos por la política por algo que vemos en un programa de entretenimiento”, resumió.
La primera idea compartida fue desmontar el concepto mismo de “los jóvenes”. Montalbán recordó unos estudios con chavales de 14 años para los que alguien de 25 “es un viejo en la discoteca”. Entre ambas edades hay un abismo de hábitos y consumos.
A su juicio, esa generación no pone el telediario ni abre el periódico por la mañana, pero recibe información durante todo el día en redes. Además, tiene una capacidad de distinguir lo veraz “mucho más avanzada de lo que pensamos”. El problema, advirtió, son las corrientes sutiles que les llegan por debajo. Hay mensajes de derecha y ultraderecha camuflados en contenidos aparentemente neutros, como los que empujan a las chicas jóvenes hacia un ideal doméstico que reacciona contra el feminismo.
Enrich explicó que WATIF nació para que la actualidad llegase a sus propios grupos de amigos. Es gente que no tiene ningún interés en abrir un diario, porque las noticias les resultan catastrofistas, polarizadas y difíciles de seguir sin contexto. Su respuesta ha sido “obsesionarse con ser hiperútiles”: dar a la audiencia lo que necesita para tener algo que decir sobre la actualidad cuando quede con sus amigos, sin añadir más ruido a un sistema mediático ya saturado.
Elizari contó que el proyecto de PRISA surgió viendo cómo Trump humillaba a Zelenski en el Despacho Oval y echando en falta a alguien que lo contara con contexto en redes. La apuesta son comunidades pequeñas en torno a creadores con estilos distintos (periodismo clásico, cultura pop, humor), porque la Generación Z es demasiado amplia: “No aspiramos a ir al todo, porque vas al todo y te quedas en la nada”. Lo que ha aprendido en el primer año es que el contenido didáctico genera menos visualizaciones que el viral, pero más seguidores.
Desde la televisión generalista, Fabiano reconoció que La Revuelta no trabaja con un público objetivo cerrado. También admitió que la competencia por la atención (canales, pódcast, redes) empuja a todos hacia contenidos cada vez más extremos. Añadió que el ritmo diario de producción condiciona las decisiones editoriales, aunque el equipo procura no caer en enfoques irresponsables.
En el nicho está el mainstream
Buena parte del debate giró en torno a la tensión entre alcance e influencia. Enrich defendió que la verdadera influencia se construye desde el nicho y desde los intereses reales de quien hace el contenido. Montalbán estuvo de acuerdo: “Cuando algo de verdad funciona, funciona desde la honestidad y desde la autenticidad”. Puso como ejemplo La Resistencia, que nació casi sin medios y con total libertad. Cuando un formato así se consolida, las marcas y las plataformas ya no pueden tocarlo sin pervertirlo. El precio, admitió, es pasar una etapa “a pulmón” y autofinanciándose.
Los ponentes señalaron también que YouTube se ha convertido en “la nueva televisión” de la Generación Z. En el móvil se consume sin profundidad, pero en casa la gente dedica 20 o 30 minutos a un pódcast o un programa. Y lo que hace volver a la audiencia no es tanto un tema concreto como la compañía y el tono humano.
En ese sentido, el humor es una herramienta informativa de primer orden. Elizari citó un sketch de su humorista sobre las viviendas que poseen los diputados: se hizo viral y el dato se quedó en la memoria del público. También recordó cómo Carles Tamayo puso la vivienda en la agenda antes que muchos medios.
El lado oscuro del algoritmo
El turno de preguntas llevó la conversación a la desinformación y la polarización. Enrich describió el manual de lo que funciona en redes: mensajes simples, respuestas directas, rage bait y soluciones fáciles a problemas complejos. Y explicó la decisión de su equipo: “Hacer ese contenido sería muy fácil, pero nosotros elegimos todos los días no hacerlo”. A largo plazo no quieren aumentar la polarización ni que la gente se canse de la actualidad. Montalbán añadió que detrás del rage bait “lo que hay es dinero”, una monetización del odio muy estudiada.
Un asistente preguntó si la crisis del periodismo es, en realidad, una crisis de la sociedad. La mesa coincidió en que ambas van de la mano: falta de confianza, cansancio, aumento del coste de la vida y fuerzas que trabajan para desacreditar las instituciones. Aun así, Montalbán se declaró optimista: quien más ruido hace en redes no representa a la mayoría tranquila que se pronuncia en las urnas o en su asociación de vecinos. “Internet no es el mundo real”, remató Enrich.
Sobre la credibilidad, Enrich explicó que, cuando se equivocan, lo corrigen en los comentarios y, si el error es grave, retiran el contenido. Fabiano defendió el valor de la conversación larga y coloquial. Todos los políticos llevan una máscara, y pasar mucho rato con ellos a veces permite ver qué hay detrás.
Como referentes, los ponentes citaron a Mariang Maturana, la Quinqui, por “dar la batalla” eligiendo el camino difícil, y el proyecto de PRISA que impulsa Elizari como inspiración para otros creadores. La conclusión compartida: para llegar a las personas jóvenes no basta con estar donde están. Hace falta ser útil, auténtico y humano, y no renunciar a la credibilidad a cambio de alcance.