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Hablamos con la periodista, exdirectora de El País y actual directora y presentadora del informativo de TVE sobre la proliferación de contenido de agitadores en las plataformas digitales, al alcance de todos, mientras las suscripciones limitan el acceso a información de calidad: “Las suscripciones crean desigualdad; por eso los medios públicos cumplen una función fundamental para la democracia”.

Pepa Bueno viajó a Granada para participar de una entrevista pública con Quico Chirino, director de Ideal, sobre la credibilidad de los periodistas, un valor que está en jaque ante la enorme y confusa cantidad de contenido que llega a través de las redes sociales y las nuevas plataformas de vídeo digital.

El diálogo, que reunió a un centenar de profesionales y estudiantes de periodismo en el Cuarto Real de Santo Domingo, un palacio de origen nazarí de tiempos pre-Alhámbricos, clausuró el primer Festival de Periodismo de Granada. A lo largo de una hora de conversación, Bueno y Chirino repasaron casi todas las problemáticas que se trataron en el Festival con la aguda mirada de la periodista que presenta cada noche el informativo de Televisión Española. Pepa Bueno fue clara en el diagnóstico: «Hay que recuperar la confianza del público». Y también en la vía para lograrlo: «Siendo transparentes en cada historia que se cuenta y confiando en que las empresas informativas dejen de estar centradas solo en el modelo de negocio, retirando el mando a los gerentes y poniendo al mando editorial a los periodistas. Cuando los gerentes se pusieron al frente de los medios, el periodismo saltó por los aires”.

Tras esta charla, que puede verse íntegramente en nuestro canal de YouTube, hubo un brindis en los jardines del palacio, y aprovechamos para hablar unos minutos con la exdirectora de El País.

-En YouTube hay periodistas de prestigio a la par de los agitadores y difusores de bulos. ¿Crees que esto contribuye a desdibujar los límites entre información, el entretenimiento y la opinión?

-Los periodistas no elegimos el ecosistema en el que trabajamos, el ecosistema está. Y a mí me parece perfectamente posible que coincidan medios clásicos con nuevas experiencias periodísticas que tienen que buscar espacios donde llevar audiencias más o menos masivas en plataformas que ya existen. No podemos inventar una plataforma que es muy costosa para difundir experiencias como podcasts o vídeos, que están conviviendo en el menú con quien utiliza esas plataformas para la agitación política. Pero eso ocurre también en los medios tradicionales. Hay un peligroso contagio de la comunicación entendida como agitación política, o con objetivos políticos, en algunos medios clásicos. Ese es el ecosistema en el que estamos.

– ¿Cómo diferenciamos, en ese ecosistema tan complejo, al periodismo de todo lo demás?

-Veo bien la experimentación de nuevos canales de autoempleo de periodistas que están intentando encontrar su sitio en el periodismo. La diferencia es lo que metes en la cinta transportadora: el periodismo y la comunicación son dos cosas diferentes. El periodismo es un oficio que tiene un método de aproximación honesta a la realidad para ofrecérsela a los ciudadanos. Parte de la alfabetización que tenemos que hacer todos, no solo los jóvenes, es saber qué busca uno: ¿un rato de divertimento o información para formarse una opinión sobre la marcha del mundo? Si es lo segundo, hay que acudir a los profesionales que hacen ese trabajo, que son los periodistas. Luego puedes perder horas con quien hace opinión, quien sirve a intereses determinados, eso apela a los ciudadanos también.

-Mientras esas plataformas son gratuitas, los medios periodísticos están cerrando su contenido de calidad para ofrecerlos únicamente a los usuarios bajo suscripción. ¿No cree que eso limita el acceso a la información a unos pocos?

– Hemos asumido que pagamos por casi todo, por el entretenimiento, por ejemplo, por ver una serie que nos interesa, pagamos, pero nos cuesta pagar por información sobre el mundo donde vivimos para formarnos un criterio que nos ayude a navegar por la vida. Esta es una tarea en la que tiene que implicarse toda la sociedad. El periodismo es caro. Ir, ver, escuchar, contrastar, estar en el territorio, volver a la redacción, tener una organización periodística que va editando y controlando la calidad de lo que se hace, es muy caro, y no podemos pensar que eso se va a hacer gratis. No se puede hacer gratis. Hay que pagar toda esa estructura. Hay que hacer mucha pedagogía con esto. Por eso, si hemos naturalizado que el entretenimiento nos merece la pena que esté bajo suscripción, la información cuesta.

-Hay gente que no puede pagar por entretenimiento tampoco. Si el acceso a la información es una garantía para la democracia, ¿cómo resolvemos ese dilema?

-Que eso crea desigualdad, es una evidencia. ¿Cómo negarlo? Crea desigualdad: quien puede estar suscripto a varios medios, y por lo tanto formarse una opinión plural sobre la realidad, y quien no puede. Una de las compañeras que ha intervenido hoy apuntaba lo de considerar la información un bien básico. Hay otro periodismo de calidad de libre acceso: los medios públicos. Algunas televisiones públicas cumplen una función democrática fundamental. Pero es cierto que están en crisis en muchos países.

-¿Usas herramientas de Inteligencia Artificial?

-Yo pruebo todo lo que aparece. No podemos volver a cometer el error que cometimos en los años 2000 de ningunear y de considerar una herramienta menor lo que aparecía. Con la Inteligencia Artificial, yo creo que los periodistas tenemos la obligación de estar ahí trasteando desde el primer momento. No solo eso, pedirle a las empresas que el criterio editorial esté presente en la toma de decisiones, para que los instrumentos de IA que se utilicen sean concebidos como una manera más eficaz de contar nuestras historias, no poner nuestras historias al servicio de una herramienta que te vaya a dar solo rentabilidad. Rentabilidad editorial en todo caso.