Tras las charlas y talleres celebrados en el centro Federico García Lorca, el II Festival de Periodismo de Granada se trasladó a la tarde hasta la Corrala de Santiago para abordar una de las preguntas que atraviesan el lema de esta edición, “La batalla por la influencia”. En la mesa La creación de la opinión pública, moderada por Clara Jiménez Cruz, cofundadora y CEO de Maldita.es, participaron Teodoro León Gross, periodista, profesor universitario y director y presentador del programa diario Mesa de Análisis en Canal Sur Televisión; Marta Nebot, periodista, presentadora y analista política y social, recientemente incorporada a La Séptima; Antonio Villarreal, redactor del programa Salvados y autor del libro Tertulianos, un ensayo periodístico en el que retrata la industria de los “opinadores”; y Quico Chirino, periodista y escritor, tertuliano en Canal Sur y director de IDEAL. En ella se debatió cómo se construye la opinión pública a partir de los productos periodísticos de autor, las columnas de opinión y las tertulias televisivas.
Para arrancar el debate, Jiménez Cruz lanzó una pregunta directa: ¿quién tiene más capacidad para influir, un periodista que publica una investigación, un tertuliano con una columna diaria o un creador de contenido con millones de seguidores?
El titular pesa más que la columna

Para León Gross, la influencia que se le atribuye a la opinión periodística está sobrevalorada: según él, es un formato que aporta prestigio y atrae suscriptores, pero nunca tiene un número extraordinario de lectores. Lo explicó con una máxima de Bernard Cohen: el periodismo fracasa continuamente al decirle a la gente lo que tiene que pensar, pero tiene éxito al decirle sobre qué tiene que pensar. “La gente tiene mecanismos de defensa y sabe cuándo la están persuadiendo, pero no hay resistencia posible a que los medios nos digan qué temas conforman el mundo en el que vivimos”. Desde su punto de vista, el titular con el que un periódico abre su portada cada mañana influye mucho más que la columna más leída.
Chirino coincidía en rebajar el poder de influencia de la opinión. “Los periodistas hacemos medios como nos gustaría leerlos, y los llenamos de columnas que en su inmensa mayoría tienen una influencia y un público mínimos». En un medio local como IDEAL la influencia no está en las grandes exclusivas, sino en liderar los temas que conectan con la ciudadanía. “Cuando consigues detectar el problema que importa a los vecinos, es cuando tienes influencia”.
Nebot llevó la pregunta al terreno de la televisión. «Hace mucho tiempo llegué a la conclusión de que las escaletas mandan más que los opinadores», explicó: el guion con el que se monta cualquier programa no es neutro, y decide qué entra, en qué orden y cuánto dura antes de que nadie opine. Villarreal por su parte matizó con una de las tesis de su libro: “La unidad mínima de información no es la noticia, sino la opinión. Un periodista puede sacar una noticia, pero la audiencia se entera cuando un opinador habla sobre ella».
Una ficha de cada color
Si no atraen entonces tanta audiencia ni influencia, ¿por qué son cada vez más ubicuas? Para Villarreal, si ocupan hoy un lugar tan predominante es por un lado porque a la gente le encantan, pero también por otros motivos: a los medios les proporcionan un sueldo extra para sus trabajadores, y al poder le resulta más fácil influir en ellas que en las noticias. León Gross añadió una razón más prosaica: si hay tantas tertulias es porque son muy baratas.
León Gross, que en su programa defiende la “tertulia tranquila”, reconoció que no es infrecuente que algunos tertulianos, sobre todo en las mesas de nivel nacional, reciban argumentarios de los partidos, “y lo sé porque yo también los he recibido”. A su juicio, las tertulias funcionan más como mecanismos de identificación que de influencia: uno va a ellas a escuchar lo que quiere oír.
Nebot compartió su experiencia y dibujó un panorama menos plácido. “Muchas veces me han pedido que sea más radical con mis posturas de lo que tenía pensado”, contó. En su trayectoria se ha encontrado con muchos programas donde el director no decide todos los rostros que aparecen, y sufre presiones para tener una ficha de cada color de cada partido “para que no te lleguen llamadas”.
Una tertulia no tiene hemeroteca
¿Existe algún mecanismo de rectificación en la opinión?, planteó Jiménez Cruz. Según Villarreal, cuando alguien dice una barbaridad, la única consecuencia suele ser que vuelva al día siguiente: “La tertulia no tiene hemeroteca”. Para Nebot, si hay un mecanismo de condena a los excesos de los tertulianos son las redes sociales: «un error repetido millones de veces puede destruir cualquier reputación». Chirino defendió que el periodismo tiene mecanismos de corrección, pero pidió exigir también más capacidad crítica a una audiencia que quizá no tiene todos los recursos para detectar el sesgo de cada tertuliano. “Confundimos la opinión con el estrambote”, lamentó.
León Gross señaló que las redes insuflan ansiedad en los medios por participar en la conversación pública, a la que responden con formatos de poca calidad. Villarreal invirtió la relación habitual: “Las tertulias no son la causa, son un producto de la polarización”. En un ciclo de 24 horas infinito, la tertulia ocupa el lugar de la información antes de que llegue un periodista.
Chirino quiso rebajar el pesimismo: los periodistas son muy críticos consigo mismos, pero hoy los medios están desvelando muchas noticias que el poder oculta. Quizá al espectador le atraiga más el show, concluyó, “pero la información viene de los medios”. La mesa se cerró con esa paradoja abierta: el periodismo sigue fijando de qué se habla, pero cada vez controla menos cómo se habla de ello.
El festival continúa el sábado 24 en el Cuarto Real de Santo Domingo con, entre otros, Ignacio Escolar y Marta García Aller.