Darío Pescador. Perfil en Linkedin
En la película (y el libro que la adapta) The Shopping News, el veterano dueño del periódico de un pequeño pueblo pesquero enseña al novato protagonista cómo ser periodista. ¿Qué ves?, le pregunta. Nubes en el horizonte. No, responde, es una tormenta asesina que amenaza al pueblo. ¿Y sin no hay tormenta? Entonces, el pueblo se libra de una tormenta asesina.
En este festival se ha hablado, principalmente, del dato el relato. Un neurólogo me contó como funcionan los traumas. Cuando recordamos algo es igual que si lo viviéramos de nuevo. Nuestro cerebro sabe que eso no está ocurriendo ni aquí ni ahora, pero para nuestro cuerpo, para nuestras emociones, ese relato es la realidad.
Lo mismo ocurre cuando nos cuentan una historia o vemos un vídeo generado por IA. Es una realidad ajena que a nuestras emociones les parece real.
Clara Jiménez fundadora de Maldita ha dicho «No es lo que contamos, es cómo lo contamos». Pero también es cómo cuentan los demás lo que contamos, porque hace mucho, mucho tiempo que los periodistas no somos los únicos con un altavoz.
Esto lleva a la pregunta eterna que nos hacemos aquí en Granada desde hace… dos años. ¿Qué es un periodista y qué es un medio de comunicación? Porque se hace periodismo fuera de los medios, y hay medios que no hacen periodismo.
Los responsables de la revista 5W, fundación porCausa o El orden mundial. Tienen la ventaja de la independencia y el hacer información de calidad, y con el inconveniente de que ninguna de esas dos cosas da mucho dinero.
Isabel Cadenas, filóloga, ha ganado el premio Gabo con un podcast titulado «Se llamaba como yo» que cuenta de forma impecable los hechos del primer crimen de la banda terrorista ETA, y el relato que siguió a cargo de medios y políticos en el que los hechos, simplemente, se pasaron por alto.
Samuel Nacar también ha ganado este año el premio homenaje a Enrique Meneses al fotoperiodismo contando historias que pasan en lugares donde nunca pasa nada, que es donde, al final, pasa todo.
Y menos mal que el público del festival eran estudiantes, porque la mayoría de los que hablamos peinamos canas de diversa consideración. Ha sido una oportunidad para empezar a darnos cuenta de que estamos ante una de las mayores brechas generacionales de los últimos siglos.
Los jóvenes de hoy nos parecen mutantes, alienígenas incomprensibles. Pero nosotros a ellos también. Las cosas que a nosotros nos parecen importantes son irrelevantes para ellos, y viceversa.
Pensamos que estos mutantes ven solo lo que premian los algoritmos, los tres segundos de afirmaciones exageradas, respuestas simplistas y ragebait, como ha dicho Marina Enrich. Pero nos olvidamos de su feroz pragmatismo. Ya no ven la televisión, pero pueden ver un vídeo de dos horas en YouTube para aprender algo concreto.
¿Qué hacemos? Hacerlo bien, como han pedido las periodistas que han reivindicado «la vía andaluza»: un periodismo más pausado que quiere escaparse del casino, en el sentido italiano de la palabra, de la crispación de Madrid.
Pero hacerlo bien se complica cuado «todos los días recibimos un burofax, todos los meses cae una demanda», como ha dicho Ignacio Escolar. La judicialización del periodismo, más que una amenaza, es desgaste. «Lo ganamos todo, pero consume nuestros recursos», dice Escolar.
Hacerlo bien es consultar las fuentes, poner micrófonos y verificar antes de escribir, y también se complica cuando hacerlo mal es mucho más barato y tiene mucho más éxito. Si puedes montar una tertulia a gritos con un vídeo borroso de Twitter. Marta Nebot ha dicho que ahí las 5 W del periodismo ya no están, porque no conviene.
También nos han explicado que las tertulias, en realidad, no polarizan. Ya estábamos polarizados de antes.
El periodismo se está judicializando, el poder judicial se está politizando, y
la política se está tiktokizando. Los periodistas hemos pagado la novatada intentando competir por la atención en lugar de por la credibilidad, ha dicho Marta Garcia Aller. Ahora, lo revolucionario es la moderación.
La pregunta es si nos vamos a quedar subidos al podio de la credibilidad con el estadio vacío. Como dice Marta, funcionar es poder hacerlo.
Pero algo no funciona porque la gente se está desconectando de la información. ¿Estamos cansados de tanto grito? Ya no podemos llamar a alguien tertuliano porque lo insultamos. ¿Qué relatos queremos fabricar y qué relatos quiere la gente?
Lo mejor del festival, como ocurre siempre en estos casos, son las copas al final del día porque ahí están las historias. Allí Paco, periodista, escritor y poeta nos contó en medio del ruido que el grupo de rock Extremoduro usó uno de sus poemas como letra de una canción. La canción se hizo famosa, hasta el punto de que le preguntaron si su poema era un plagio.
Pero Paco no se enfada. Nos dijo que esos versos eran como un hijo que se hace mayor y sigue su camino en el mundo. Una parte de este oficio es entender que, por mucho que nos empeñemos en darle una buena forma, ese relato que lanzamos al éter ya nunca más será nuestro.
PD. Esos versos, los versos de Paco:
Me da vértigo el punto muerto
y la marcha atrás,
vivir en los atascos,
los frenos automáticos y el olor a gasoil.
Me angustia el cruce de miradas
la doble dirección de las palabras
y el obsceno guiñar de los semáforos.
Me arruinan las prisas y las faltas de estilo,
el paso obligatorio, las tardes de domingo
y hasta la línea recta.
Me enervan los que no tienen dudas
y aquellos que se aferran
a sus ideales sobre los de cualquiera.
Me cansa tanto tráfico
y tanto sinsentido,
parado frente al mar mientras que el mundo gira.