El fotoperiodista Samuel Nacar ha recibido el Premio homenaje a Enrique Meneses durante la primera sesión del II Festival de Periodismo de Granada. En su conversación con el público, ha defendido un periodismo que permita profundizar en las historias, escuchar a sus protagonistas y prestar atención a los lugares que apenas encuentran espacio en la agenda informativa.
Nacar ha agradecido el reconocimiento como un respaldo a su forma de trabajar y un estímulo para continuar su trayectoria. A partir de la invitación de Meneses a acudir allí donde suceden las cosas, ha planteado una reflexión sobre la concentración de medios y profesionales en determinadas coberturas: «Hay que ir donde no pasan las cosas, porque ahí es donde está pasando todo».
Con esta idea, el fotógrafo y productor, que estrena en breve el documental Taranta, ha reivindicado la atención a ciudades y territorios que suelen permanecer fuera del foco, aunque en ellos se estén produciendo transformaciones relevantes. Ha citado su trabajo actual en Linares y su vínculo con Albacete para explicar que la ausencia de cobertura no equivale a la ausencia de historias. «Cada vez es más importante contar la historia de donde (aparentemente) no pasa nada», ha señalado.
Uno de los momentos centrales de la conversación ha sido el relato del proceso de elaboración de ‘Las sombras ya tienen nombre’, realizado junto al periodista Agus Morales en Siria tras la caída del régimen de Bashar al Asad. El trabajo aborda la represión y las experiencias de personas que acababan de recuperar la libertad después de años de encarcelamiento.
Para Nacar, la posibilidad de dedicar tiempo a escuchar fue decisiva. Mientras otros compañeros debían publicar varias noticias al día, ellos pudieron concentrarse durante diez días en un único reportaje. «No es una cuestión de que seamos mejores ni muchísimo menos […], es que tuvimos tiempo», ha explicado. Esa disponibilidad les permitió mantener largas entrevistas con supervivientes que, en algunos casos, contaban por primera vez lo que habían vivido.
El fotoperiodista también ha vinculado su seguimiento de las rutas migratorias europeas con su propia memoria familiar. Bisnieto de represaliados del franquismo, ha recordado la emoción de su abuela al ver las imágenes de los refugiados sirios que llegaban a Lesbos. Aquella reacción le ayudó a comprender el sentido de su trabajo y la conexión entre experiencias de persecución y desplazamiento de distintas generaciones.
Ante un auditorio con estudiantes y futuros profesionales de la comunicación, Nacar ha abordado además la precariedad del trabajo autónomo y la necesidad de construir relaciones de confianza con los editores. Ha aconsejado paciencia, autonomía para desarrollar proyectos propios y compromiso con los temas elegidos: «Es muy importante para mí, sobre todo, saber que voy a estar años con esa historia, con lo cual me tiene que apasionar profundamente».
Trabajar desde la empatía
La empatía ocupa un lugar central en la forma de trabajar de Nacar, que reconoce la dificultad de comprender plenamente una realidad ajena sin años de convivencia. Su acercamiento parte de identificar emociones compartidas que le permitan conectar con las personas a las que retrata. En Senegal, encontró ese vínculo en el duelo de las familias de migrantes desaparecidos; en Siria, en la memoria y el dolor de su abuela, como descendiente de represaliados del franquismo. En Linares, la experiencia migratoria de su propio entorno le ha permitido acercarse a los jóvenes que deben marcharse por la desindustrialización y la falta de oportunidades.
Esa conexión emocional se acompaña de una práctica basada en escuchar, conversar con personas diversas y mirar siempre de igual a igual. Para el fotoperiodista, conocer las particularidades de cada lugar exige tiempo y disposición para atender a sus protagonistas. También implica asumir la responsabilidad ética que conlleva recibir una historia personal y trasladarla al público con respeto hacia quienes han decidido compartirla.