Combatir la desinformación, investigar para ensanchar y cuidar los derechos humanos, explicar desde dentro las guerras para que no caigan en el olvido o descifrar las claves de una geopolítica cada vez más difícil de entender. Son formas diferentes de ejercer el periodismo, pero todas comparten una misma aspiración: ofrecer información rigurosa y trabajada con la calma que requiere entender y contar el mundo que habitamos. Lejos de las estructuras tradicionales, en ocasiones herméticas, nacen y se consolidan nuevos proyectos periodísticos que reivindican otras maneras de ejercer el oficio.

En la mesa Periodismo fuera de los medios, Julio Montes, cofundador y director de Maldita.es; José Bautista, director de investigaciones periodísticas de la Fundación porCausa; Maribel Izcue, redactora jefa de 5W; y Blas Moreno, codirector y editor jefe de El Orden Mundial, han conversado con Esther Ontiveros, directora de Comunicación de DCOOP, sobre los retos y las posibilidades de hacer periodismo de calidad más allá de los medios convencionales.

Menos cantidad, más periodismo de calidad

En un ecosistema informativo saturado de noticias, estos proyectos han encontrado en la especialización y la profundidad una forma de diferenciarse. “No tenemos capacidad de publicar cien piezas y competir con medios generalistas”, ha explicado Moreno, que ha defendido la apuesta de El Orden Mundial por publicar un contenido diario trabajado con dedicación y capaz de ofrecer las claves que difícilmente caben en treinta segundos de telediario. Una manera de entender el oficio que ha definido como artesanal: menos cantidad y más calidad.

La misma filosofía atraviesa el trabajo de 5W, una revista que nació hace once años de la inquietud de un grupo de corresponsales y amigos por contar historias que pasaban desapercibidas en los territorios en los que estaban. Un crowdfunding que alcanzó su objetivo en apenas 24 horas les confirmó que existía un público dispuesto a detenerse a leer. Hoy, la revista publica una crónica semanal, apoyada en una extensa red de colaboradores repartidos por el mundo y un libro anual. “Periodismo a fuego lento”, tanto en la producción como en el consumo, ha resumido Izcue.

Sin embargo, sostener este modelo no resulta sencillo. El reporterismo sobre el terreno es caro y las audiencias tienen cada vez más estímulos entre los que elegir. Izcue ha reconocido que la comunidad de suscriptores de 5W ha pasado de unos 5.000 a 3.500, una caída que ha llevado al proyecto a diversificar su actividad mediante talleres, exposiciones, pódcast y producciones audiovisuales.

En El Orden Mundial, por el contrario, las suscripciones han permitido construir una comunidad de alrededor de 10.000 personas. Para Moreno, esa relación directa con los lectores aporta estabilidad y permite crecer de forma sostenida, aunque también ha reconocido que se trata de una vía de financiación lenta y que no conviene depender exclusivamente de ella.

La independencia económica ha atravesado buena parte de la conversación. Desde porCausa, Bautista ha defendido la importancia de diversificar los ingresos y mantener una relación transparente con quienes sostienen los proyectos. “Depender de una comunidad te desnuda frente a ella, y eso es bueno”, ha señalado.

¿Quién decide qué es periodismo?

Más allá de la financiación, el debate ha puesto sobre la mesa una cuestión que afecta a la propia identidad del oficio: ¿qué distingue a un medio de comunicación de cualquier otro proyecto que publica contenidos?

Montes ha cuestionado que la condición de medio pueda reducirse a disponer de una página web, un CIF o una acreditación para entrar en el Congreso. Para el director de Maldita.es, lo determinante es analizar qué se está contando, si la información se comprueba y si existe transparencia sobre la propiedad y la financiación. En este sentido, ha planteado la posibilidad de establecer mecanismos que permitan reconocer a los proyectos que cumplen determinados estándares periodísticos.

La discusión también ha alcanzado a los creadores de contenido. Montes ha mencionado el trabajo de Tamayo como ejemplo de que el periodismo puede ejercerse fuera de las estructuras convencionales. “Periodista es aquel que hace periodismo”, ha coincidido Bautista, frente a la idea de que el ejercicio del oficio deba depender necesariamente de una titulación.

Izcue ha advertido, no obstante, de la dificultad de transmitir a la ciudadanía el valor añadido del trabajo periodístico en un entorno en el que las fronteras entre información y contenido se han vuelto cada vez más difusas. El contraste de fuentes, la protección de las personas que proporcionan información y el respeto a unos principios deontológicos forman parte de un proceso que, a su juicio, los medios deben aprender a explicar mejor a sus audiencias.

La inteligencia artificial y el valor de lo humano

La irrupción de la inteligencia artificial ha añadido una nueva incertidumbre a un sector que ya afrontaba importantes transformaciones. “Vamos a tener que decir que esto está hecho por un ser humano”, ha apuntado Moreno, ante el riesgo de que los contenidos elaborados con rigor queden enterrados bajo una producción automatizada cada vez más abundante.

Para Izcue, uno de los mayores problemas es la dependencia de las grandes plataformas tecnológicas, cuyos cambios condicionan la manera en que los lectores encuentran las noticias. La fragmentación de la información en formatos breves y la pérdida de tráfico procedente de los buscadores obligan a los medios a replantearse cómo llegar a sus públicos y conseguir que acudan directamente a sus contenidos. Todos reconocen, aun así, el valor de quiénes les buscan directamente.

Montes, por su parte, ha defendido una actitud activa ante estas tecnologías. Tras relatar cómo detectaron un aumento de visitas procedentes de China y Vietnam que resultaron ser bots, ha insistido en la necesidad de proteger los derechos de autor y evitar que la inteligencia artificial se apropie del trabajo periodístico. Pero también ha rechazado instalarse en un discurso exclusivamente contrario a esta tecnología: el reto, ha defendido, pasa por aprender a utilizarla para hacer el bien.

Un oficio que también se aprende haciendo

El encuentro ha concluido con preguntas del público sobre cómo abrirse camino en el periodismo, especialmente desde el trabajo freelance o emprendiendo con medios propios como los que los ponentes representan. Bautista ha animado a los futuros profesionales a conocer los medios a los que quieren dirigirse, preparar propuestas concretas y establecer relaciones de confianza con los editores. También ha reivindicado la importancia de pedir ayuda a colegas, ser generosos y colaborativos, y abandonar la idea del periodista como un «lobo solitario».

Izcue ha recordado que no hace falta viajar a miles de kilómetros para encontrar una buena historia, algo que suelen pensar las personas que aspiran a hacer información internacional. También cerca de casa hay asuntos que merecen ser contados. Y ha recomendado utilizar las redes sociales como escaparate para mostrar el trabajo propio.

“Hay que abrazar la incertidumbre”, ha aconsejado Bautista, que ha invitado a los jóvenes a empezar sin miedo a equivocarse, aprender idiomas, pensar en grande y ser generosos consigo mismos. Porque, pese a las dificultades económicas, los cambios tecnológicos y las dudas sobre el futuro, sigue considerando el periodismo “un trabajo hermoso”.

Una reivindicación que ha recorrido la mesa: más allá del tamaño de las redacciones, de los soportes o de los modelos de negocio, el valor del periodismo continúa estando en las historias que merece la pena contar y en el compromiso de contarlas bien.