La directora de «La Brújula» de Onda Cero, Marta García Aller, y el director de «Ideal», Quico Chirino, cerraron en el Cuarto Real de Santo Domingo la segunda edición del Festival de Periodismo de Granada. Defendieron una credibilidad que se construye con rigor y continuidad, y criticaron las tertulias pensadas para el enfrentamiento más que para la información.
La pregunta de partida estaba sobre la mesa desde el principio. Quico Chirino, que moderó la conversación, planteó si el título ya daba por perdida la batalla, como si el periodismo hubiera admitido de antemano que le falta credibilidad. Marta García Aller lo rechazó. Prefiere llamarlo un desafío, y lo considera el mayor de todos en un momento en que cuesta distinguir lo verdadero de lo falso e incluso lo humano de lo que no lo es.
García Aller sostuvo que la credibilidad no equivale a rigor. Hay personas con mucha credibilidad que dicen mentiras, y el periodismo, en su opinión, ha cometido el error de competir por la atención en lugar de por la confianza de quienes buscan información. Ese error, dijo, se paga ahora, cuando el público está saturado de pantallas.
Desde ahí defendió la radio, y el audio en general, como un medio que conserva credibilidad porque sigue siendo una voz humana que acompaña al oyente mientras hace otras cosas. Describió «La Brújula» como un programa de cuatro horas y media en el que conviven la información, el entretenimiento y la tertulia, y contó que los fragmentos más vistos en redes de la última semana fueron los de una tertulia sobre educación con tres maestros de distintas etapas.
Para ella, los medios tienen la responsabilidad de hablar de lo que no está en el debate público. Como ejemplo, citó un comité de expertas que el programa ha puesto en marcha sobre educación, inteligencia artificial e inmigración, que, según dijo, tiene más vida después de la emisión porque el público lo descarga y lo escucha.
El sesgo está en la propia selección de las noticias
Chirino defendió el trabajo de Ideal, que publica unas 300 noticias al día en su web. Recordó que la credibilidad no se mide por lo que más clics genera en un momento concreto, y que la decisión editorial de dar continuidad a un tema es la que debe valorarse.
El punto más disputado llegó con las tertulias y los argumentarios. García Aller criticó las tertulias concebidas para el conflicto y no para la información, y describió la dificultad de distinguir un análisis de la defensa de una posición. Puso como ejemplo los argumentarios de los partidos que llegan por WhatsApp, que algunos periodistas repiten como si fueran propios. Chirino coincidió en que la audiencia no siempre tiene herramientas para detectar esa influencia, y apuntó que el problema se acentúa cuando un periodista deja de recibir esos mensajes por criticarlos.
Ambos coincidieron en otro problema: la pérdida de especialización en las redacciones. García Aller planteó que el periodista todoterreno resta confianza cuando habla de temas complejos, como la energía o el derecho. Chirino respondió que hace falta especialización en las redacciones para detectar lo que es noticioso en cada ámbito, pero que alguien debe después combinar todo ese conocimiento para dar contexto.
Sobre la opinión, García Aller defendió que no existe el periodista neutral y que lo honesto es declarar desde dónde se habla. Para ella, el sesgo se nota más en la selección de las noticias que en la forma de contarlas. Y dijo que las tertulias que siempre coinciden con la línea de un partido le resultan poco interesantes, como espectadora y como profesional. Por su parte, Chirino compartió la idea de que un medio puede tener línea editorial, siempre que la declare y no oculte los asuntos incómodos.
La conversación cerró con preguntas del público sobre cómo llegar a los jóvenes. García Aller respondió que la radio sigue atrayendo a su audiencia cuando se presenta como podcast o como vídeo, y que el formato que más crece se parece a la radio de siempre: dos personas hablando delante de un micrófono.